El difícil primer año de Sebastián Piñera

“A nivel macro económico, ésa era la misión que debía poner en marcha el vencedor de las elecciones presidenciales: revertir la tendencia al alza que ha experimentado el gasto público, pero evitando, a la vez, un empeoramiento en la calidad de vida de la población”, por Carlos Salas Lind. Publicado por La Tercera, enlace directo.

______________________________________________________________________

La decisión que debe tomar el nuevo gobierno  – en torno a la medida transitoria de reducción al impuesto de la bencina adoptada el año 2008, es un buen ejemplo de lo difícil que puede llegar a ser el primer año de la administración de Sebastián Piñera. Por cierto, los anuncios menos felices en materia económica (si corresponde materializarlos antes de asumir oficialmente las funciones), no pueden hacerse a medias, entregándole al adversario la posibilidad de reforzar un discurso fatalista frente a los cambios que se avecinan.

Lo complicado es que las correcciones que se logren -  en el aspecto comunicacional -  no solucionarán un rompecabezas mucho mayor que pondrá a prueba toda la capacidad (y creatividad), de la administración de Sebastián Piñera.  Ante el aparente término de la peor etapa  de la crisis internacional,  la tendencia global indica que las decisiones económicas – que impliquen un impacto directo para el poder adquisitivo de las personas  – serán más recurrentes en el corto plazo.

Muchos países – que en el marco de políticas económicas expansivas (en tiempo de crisis), vieron aumentados su déficit fiscal – están siendo objeto de una creciente presión internacional destinada a la reducción del gasto público. Es decir, al retorno de políticas fiscales austeras que promuevan un nivel de crecimiento que garantice la sostenibilidad de mediano y largo plazo.

A pesar de mantener una economía sana, el gobierno de Michelle Bachelet no pudo evitar incurrir en un desequilibrio fiscal que deberá ser estabilizado.

A nivel macro económico, ésa era la misión que debía poner en marcha el vencedor de las elecciones presidenciales: revertir la tendencia al alza que ha experimentado el gasto público, pero evitando, a la vez, un empeoramiento en la calidad de vida de la población (y, lógicamente, la insatisfacción del electorado).

En otras palabras, con menos recursos, Sebastián Piñera deberá hacer lo mismo, o incluso más si – a corto plazo – debiera comenzar  a concretarse la promesa de un millón de empleos.

¿Pero es viable reducir el gasto público sin crear la sensación de empeoramiento de la economía a nivel personal?

Como norma, si  se busca crear mayor eficiencia en el sector público, necesariamente se debe recortar la cantidad de recursos que se asignan a las diferentes reparticiones. En  cualquier país del mundo, eso suena a prescindir de fuerza laboral, a despido de funcionarios que aportan menos a los beneficios y más a los costos.  Una medida de esa naturaleza, difícilmente coincidiría con la misión de crear un millón de empleos (por lo menos en el corto plazo, o a menos que los despedidos estén en edad de jubilar).

Por otra parte, la reducción de programas sociales sería una medida impopular, difícil  de contrarrestar con mejoramientos visibles – en otras áreas -  en un periodo breve de cuatro años.

Ahora, apostar a un impulso de la reactivación económica – desde el sector privado – implica (como regla), una menor recaudación fiscal a corto plazo. Una reducción de los impuestos a las ganancias, o la mantención de medidas que aseguren un abaratamiento de las actividades comerciales no mejoran los ingresos de recursos a las arcas fiscales en el futuro inmediato. Es decir, esta receta (disminuir los ingresos directos al fisco), podría comenzar a dar frutos,  cuando un gobierno ya ha creado un nivel de anticuerpos en la población demasiado grandes como para revertirlos.

Asimismo, aumentar el Impuesto de Valor Agregado – IVA (o simplemente retornar el nivel de impuesto al precio de los combustibles como se plantea), crea condiciones propicias para que una oposición bien organizada canalice un descontento al por mayor.  A pesar del duro golpe electoral, la Concertación no está acabada, por lo que una revitalización de su capacidad organizativa y de movilización no debe ser subestimada.

¿De dónde vendrán, entonces,  los recursos que sirvan para contrarrestar una disminución del gasto público?

Siendo una economía pequeña y abierta, no podemos abstraernos de los vaivenes que experimenta la economía global.

Consiguientemente, la recuperación económica de nuestros socios comerciales potenciaría la posibilidad de reactivación el 2010. ¿Qué se observa en este frente?

Los datos económicos muestran que la economía europea  emula a un oso que sigue invernando,  y que EEUU continuaría disfrutando de ‘las réplicas’ provocadas  por el colosal paquete de estímulo fiscal impulsado por Obama hace un año.  El crecimiento “sin empleo” que evidencia la economía de EEUU, mantiene a los consumidores norteamericanos muy cautelosos,  dificultando la probabilidad de una recuperación económica vigorosa y sostenible.  Por otro lado, China – que es nuestro mayor comprador de cobre – deberá desacelerar su actividad económica, si desea lidiar con la fuerte e inesperada tendencia inflacionaria desatada a fines del 2009. Y otra de las grandes potencias económicas, Japón, sigue sumido en un proceso deflacionario que augura un panorama poco auspicioso para la economía global.

Bueno, mientras terminaba de escribir este artículo, Piñera se ponía “el parche antes de la herida”,  como afirmaría un detractor de su gobierno – después de enterarse de las últimas declaraciones del presidente electo. Pero lo cierto es que -  independientemente del marketing político del que todos somos víctimas y victimarios – el escenario para hacer un gobierno “de lujo” – el año 2010- no es el mejor.

Política de Chile

Deje su comentario o suscribirse al feed

Comentarios

21 comentarios to “El difícil primer año de Sebastián Piñera”

Deja tu comentario

(requerido)

(requerido)