¿Dónde irán los votos de Soria?

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“Se especula si la estrategia del ex–alcalde Soria, de llevar adelante un proyecto riesgoso, fue un paso mal dado. En el plano estrictamente político, la decisión de enfrentar al sistema (aunque creara amargura), fue la correcta” (por Carlos Salas Lind, publicada Estrella.cl).
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Con la marginación de Jorge Soria Quiroga, se ha perdido gran parte de la emoción en la elección senatorial de Diciembre. Por cierto, sus partidarios, que nunca han sido pocos, están viviendo el peor escenario que supuso iniciar el proceso de inscripción de la candidatura del ex–alcalde.

El caso es muy complejo, porque no solo contendría serias aristas legales, sino también (afirman sus seguidores), tintes notoriamente políticos.  Lo concreto es que la condena, en primera instancia, cita la concurrencia de delitos que marcan (y de forma grave), a una gestión y un nombre. Su defensa argumenta que las consideraciones políticas superan, ampliamente, los aspectos legales. Por esta razón, no habría justicia,  mientras imperen los intereses que sustancian el caso.

Hace un par de semanas, decidí personalmente contactar  al Servicio Electoral (Servel), para recabar mayor información sobre la determinación, del organismo, de cancelar la inscripción electoral al ex alcalde Jorge Soria. Al citar la sentencia en primera instancia, la abogada del Servel en Santiago, Catherine Martínez, afirmó que debía tratarse de un error.

Me hizo saber que el Servel solo aplicaba la cancelación de los derechos políticos en casos extremos, casos de pena aflictiva, y en los que las instancias de apelación se encontraban agotadas.  La abogada insistió en que la costumbre no era cancelar la inscripción de alguien que se encontraba en la situación de Jorge Soria, simplemente porque ésa era una medida excepcional. Sin embargo, hace menos de tres semanas, el Servel volvió a hacerlo, dejándome con más preguntas que antes.

Por lo visto, estas mismas dudas estarían afectando a varios candidatos a diputados, que no han titubeado en solidarizar con el ex-alcalde, y la gente que se aprestaba a marcar su nombre. Curioso (o no tanto), que las dudas solo sean expresadas por quienes no competían con él, y no por quienes dependían de la participación de Soria, al evaluar sus propias posibilidades en la carrera senatorial.

Obviamente, no se puede poner en tela de juicio la sinceridad de todos, pero las muestras de comprensión y solidaridad pueden aparecer como demasiado predecibles. Especialmente, porque, entre los aspirantes a diputado, un desbande de los Soristas podría significar cambios importantes en las dinámicas que tiende a generar el sistema binominal.

Los independientes ya lo perciben, y la mayor libertad (y necesidad), que enfrentan a la hora de buscar el voto, los empuja a acercarse a un adherente con ganas de castigar con el voto.

Se especula si la estrategia del ex –alcalde Soria, de llevar adelante un proyecto riesgoso, fue un paso mal dado. En el plano estrictamente político, la decisión de enfrentar al sistema (aunque creara amargura), fue la correcta.  Lo otro, elegir el ostracismo político, siempre delata un grado de culpa, y renunciar al protagonismo político solo contribuye al olvido.

Aunque el caso Soria volvió a relucir con todos los costos personales, económicos y familiares que su naturaleza conlleva, dejó en evidencia que hay un liderazgo que sigue vivo. A pesar de las reiteradas derrotas en diferentes frentes, Jorge Soria ratificó que su nombre continúa influyendo en las dinámicas electorales de la región.

Después de la última batalla, ‘la torta electoral’ dejada por el ex alcalde Soria está ahí, sobre la mesa. Su tamaño es tan significativo, que hasta sus más enconados adversarios, estarían dispuestos a contradecirse, con tal de cortar una tajada.

El problema es que los sucesos, de los últimos meses, han vuelto a poner en guardia a los seguidores de Soria. En consecuencia, el voto de sus partidarios hoy se vislumbra más duro que nunca, reservado, mayormente, para quienes logren consolar la amargura dejada por la ausencia de su nombre.

Soria así lo debe entender, y se apresta a canalizar esa votación para reafirmar la vigencia de un proyecto que, aunque malherido, se niega a sucumbir.

Interesante, entonces, seguir las dinámicas de la competencia, a nivel de diputados, en un distrito que se vuelve estrecho frente a candidatos más numerosos y competitivos.

En la elección senatorial, quizás la contienda ya perdió su calidad de competencia. Quizás no, y aunque parezca menos probable, podría ser muy pronto para darla por terminada de forma tan categórica.

Polí­tica de Iquique

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