Archivos para Enero, 2010
Elecciones en Chile: la derrota de Frei o Piñera

“Independientemente de quien gane las elecciones el domingo 17 de enero, algo es seguro: los perdedores quedarán anímicamente ‘devastados’ “, por Carlos Salas Lind.
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Si Piñera pierde, será la derrota más dura que haya sufrido la centro-derecha desde el retorno a la democracia. Será el revés más duro, porque la victoria habría estado demasiado cerca como para evadirse de esa manera. Una frustración profunda se apoderará de quienes buscaban rescribir una historia cargada de reproches y desconfianza social. El sueño de quienes anhelaban demostrar al mundo que los chilenos eran capaces de elegirlos, voluntariamente, se habrá pospuesto peligrosamente.
Con una derrota de Piñera, se habrá demostrado que ni la ausencia de un gran candidato – en los momentos más apremiantes – bastó para vencer a una Concertación debilitada. De una crisis interminable, y a pesar de los vaticinios y la impaciencia ciudadana, la Concertación reviviría a costa de un adversario humillado, levantándose en un momento clave para extender su mandato por
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Elecciones en Chile: ¿Sorpresas en el tramo final?
Bajo estas circunstancias, un error de consecuencias destructivas se disminuye jugando limpio (o creando esa percepción), y evitando “pisar el palito” de quien intenta llevar ‘al puntero’ a un terreno menos favorable (por Carlos Salas Lind. Enlace, estrellaiquique.cl ).
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Faltando menos de dos semanas para la segunda vuelta electoral, es bastante poco lo que se puede lograr con la campaña, los debates y las franjas electorales.
La historia electoral en el mundo revela que, a menos que la parte en desventaja haya guardado una carta muy importante, las tendencias claras de una primera vuelta (y las encuestas), se mantienen en un segundo balotaje. Y la carta debe ser de mucho peso, si se busca acortar una distancia de proporciones, como la alcanzada por el candidato de la Coalición por el Cambio el 13 de diciembre. En caso contrario, para que se revierta una tendencia clara, debe ser el candidato que encabeza las preferencias, el que debe cometer un error garrafal, un traspié grave como para sembrar la duda y
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Voto voluntario y el binominal: Una reforma de alto riesgo
“La adopción de la inscripción automática y el voto voluntario- pero sin modificar el sistema binominal- puede llevar a una caída histórica en el nivel de participación ciudadana en el proceso electoral chileno (por Carlos Salas Lind).
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En una democracia estable, pero aún marcada por grandes problemas sociales, es fundamental evaluar – constantemente – el nivel de participación de la sociedad civil en el desarrollo integral del país.
Ignorar o menospreciar el rol de la sociedad civil – en el proceso de afianzamiento de la cohesión socio-política de un país – inevitablemente contribuye a debilitar los nexos de identificación de los ciudadanos con los valores políticos y sociales que un estado promueve. El daño no es menor puesto que el nivel de cohesión socio-política – que un estado fomenta – determina el grado de fortaleza que una nación desarrolla y proyecta.
El movimiento estudiantil en Chile – y el clima de efervescencia social que ha impregnado el funcionamiento institucional del país – surge como evidencia de este proceso de debilitamiento, de una autocomplacencia exagerada entre quienes han tutelado la conducción del proceso político, económico y social post dictadura.
En el plano electoral, la falta de voluntad por mejorar los canales de participación ciudadana se ha estado manifestando en el notorio desinterés en cumplir con un requisito indispensable para ejercer el derecho a sufragio: la inscripción en los registros electorales.
Es más, esta indiferencia no sólo se ha exteriorizado entre quienes cumplen con los requisitos legales para participar en el proceso electoral, sino además entre quienes ya están inscritos – y por ende – obligados a sufragar (1).
Frente a esta realidad, hay quienes hoy promueven una reforma a la ley electoral, con el propósito de establecer un sistema de inscripción automática y voto voluntario. Sus patrocinadores argumentan que esta reforma contribuirá a revertir el desinterés político de los chilenos, integrándose – automáticamente – millones de ciudadanos al registro electoral.
Comparto plenamente la idea de inscripción automática y voto voluntario. Sin embargo, opino que su puesta en marcha debe – necesariamente – estar acompañada de una propuesta de modificación sustancial al sistema electoral binominal. En otras palabras, el sistema electoral binominal debería ser reemplazado por un sistema electoral que represente mejor la diversidad de opiniones que – históricamente – ha caracterizado el proceso político chileno. En decir, por un sistema electoral proporcional.
Aunque un sistema electoral proporcional sea igualmente resistido por amplios sectores, la experiencia electoral a nivel mundial revela que los sistemas de elección mayoritarios – como el vigente en nuestro país – tienden a crear menor interés y convocatoria en comparación a los sistemas de elección proporcional (sistemas que – entre otras cualidades – posibilitan la llegada de coaliciones o partidos menores al parlamento).
Consiguientemente, países que han aplicado un sistema electoral mayoritario- y que han decidido modificar una ley de voto obligatorio – han experimentado una fuerte caída en el nivel de convocatoria en las elecciones parlamentarias posteriores.
¿Cuáles podrían ser entonces las consecuencias para el proceso político chileno, si implementamos un sistema de inscripción automática y voto voluntario pero sin modificar el sistema electoral binominal?
A diferencia de lo que algunos sostienen (que muchos jóvenes se sentirían más motivados a participar), no podemos descartar una caída – a niveles históricos – de participación en los procesos electorales venideros. Esta sola situación crearía un déficit de representatividad aún más grave para nuestro alicaído proceso democrático.
Junto a lo anterior, no sería ilógico esperar un gasto de campaña electoral grotesco, en la que los bloques políticos concentren gran parte de sus recursos para asegurar – que su electorado más proclive – llegue en masa a los lugares de votación el día de las elecciones.
Es decir, tampoco podemos descartar que los procesos electorales en Chile terminen convirtiéndose en un acarreo a gran escala (mucho peor que el experimentado en zonas rurales en periodos de elecciones municipales).
Si no prospera el acuerdo en reemplazar el sistema binominal por uno proporcional – pero se insiste con la inscripción automática y voto voluntario – por lo menos deberíamos mantener la obligatoriedad del voto.
Es lo aconsejable, porque el remedio para que nuestra democracia se mejore (implementando reformas a medias), puede terminar enviando nuestra institucionalidad a la unidad de cuidados intensivos.
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1.- En efecto, las cifras indican que de un universo electoral de aprox. 8.000.000 de personas en el año1988, casi un 93% se inscribió en los registros electorales. Sin embargo, a partir de esa fecha el porcentaje de inscritos, en relación al universo electoral, ha caído continuamente, hasta llegar a una cifra cercana al 75% en la actualidad.
De la misma manera, el porcentaje de personas que han acudido a votar y que han elegido una opción presidencial, ha caído desde aprox. un 96% en 1988, a casi un 85% en la última elección. Esta tendencia es aún más notoria, si consideramos las elecciones de diputados desde el año 1989 hasta el 2009 (Fuente: elecciones.gov.cl).


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