Archivos para Julio, 2007
Encuesta CEP: cansancio y exigencias de un país

“Los chilenos exigen acortar el trecho al desarrollo y los actores políticos, tanto de gobierno como de oposición, deberían reflexionar y revisar profundamente sus respectivos programas y estrategias”. (Por Carlos Salas Lind)
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A la distancia, no deja de sorprenderme (y alegrarme) el cambio paulatino que noto en la opinión pública chilena, a la hora de entregar su evaluación sobre el estado de nuestra economía, la marcha del proceso político y sus principales protagonistas.
La última encuesta CEP, más que una simple visión ciudadana del momento, revela, en mi opinión, indicios de un proceso de transformación que debería inquietar a todo aquel que desea seguir creyendo (o apostando a) que la sociedad chilena definitivamente se ha quedado estancada en el conformismo.
Naturalmente, era de esperar que la opinión pública no sería particularmente generosa con la gestión de Michelle Bachelet, como tampoco era sorpresivo suponer que el Transantiago seguiría pasándole la cuenta a sus creadores y ejecutores.
En realidad, a mí lo que más me llama la atención, es el serio revés que está sufriendo el gobierno en la percepción ciudadana de un ámbito tan importante, como el económico.
Hay que tomar en cuenta que desde el último trimestre del 2006, la economía chilena ha experimentado un repunte sostenido, lo que se manifiesta tanto en las mejores perspectivas de crecimiento para este año, como en los índices de desempleo estables y significativamente menores a los experimentados durante gran parte del año 2006.
Curiosamente, y aunque la opinión pública reconoce estos logros, al evaluar el riesgo de desempleo como un problema menor en comparación
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“Sin democracia cristiana no hay Concertación”. …¿Y sin colorines, hay DC o Concertación?

“Muy pocos podrían sostener que la DC está en condiciones de enfrentar un proceso de división irreversible, sin dañar aún más su alicaído potencial electoral, y por ende su capacidad de negociación dentro de la propia coalición de gobierno” (por Carlos Salas Lind).
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Es innegable que la Democracia Cristiana está pasando por el peor momento de su historia. A la paulatina, pero progresiva reducción de su apoyo electoral, se ha sumado un proceso de división interna tan persistente y odioso, que incluso tiene desconcertada ( y probablemente muy entusiasmada), a la oposición.
Aunque no es primera vez que el partido demócrata cristiano enfrenta graves problemas de cohesión interna y deserción, hasta antes del 73’ y gran parte de la década de los 90’, un partido tan inmenso podía permitirse esos procesos, sin ver amenazada la posición estratégica que ocupaba en nuestro sistema de partidos. En gran medida, la tendencia a la moderación que seguía moviendo el actuar de su base, mantenía incólume el potencial electoral de la colectividad.
Sin embargo, hoy, frente al gran consenso que genera el modelo económico vigente en la sociedad chilena, la Democracia Cristiana ha perdido el monopolio para apelar a la moderación.
Frente a esta realidad, muy pocos podrían sostener que la DC está en condiciones de enfrentar un proceso de división irreversible, sin dañar aún más su alicaído potencial electoral, y por ende su capacidad de negociación dentro de la propia coalición de gobierno.
No es un secreto que la proyección de una imagen de moderación, que la preeminencia de la DC en la Concertación suscita, ha sido crucial para la viabilidad
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