Archivos para Noviembre, 2006
¿Ha muerto el padre de la economía chilena?

“Milton Friedman, máximo exponente del monetarismo, jamás imaginó que un país pequeño, pobre, debilitado económica- y diplomáticamente, terminaría siendo uno de los conejillos de indias que más tributos rendiría a su obra” (por Carlos Salas Lind).
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Las miles de personas que se manifestaron en Estocolmo en contra de la decisión del comité noruego del premio Nóbel, de otorgarle el máximo reconocimiento en economía a quien era acusado de ser consejero del régimen de Pinochet en 1976, hicieron de la entrega de su galardón un evento particularmente polémico.
Sin embargo, con el anuncio de su muerte al mundo el 16 de Noviembre, quedó igualmente establecido que los bochornosos incidentes de 1976, nunca lograron hacerle peso a la historia. Hoy en Chile y gran parte del mundo, el legado de Friedman es indiscutiblemente una gran realidad. Una realidad, que por mucho que algunos lamenten (entre quienes hasta cierto punto me incluyo) o que por conveniencia les acomode negarla o disfrazarla, reclama ser reconocida.
El advenimiento de la era del monetarismo comenzaría en 1967, cuando al dirigirse a la audiencia del “American Economic Association”, Friedman se atrevió a predecir lo que muy pocos expertos de la época hubieran querido imaginar; que un proceso de estanflación; es decir un aumento simultáneo del desempleo y la inflación, amenazaba a las economías occidentales. Hasta ese momento, el paradigma imperante indicaba más bien la existencia de una relación inversa entre inflación y desempleo (supuesto especialmente popular entre los políticos, porque les creaba espacio para aplicar “políticas pro-empleo” en desmedro del control inflacionario).
En cambio, Friedman afirmaba que siendo la inflación; “siempre, y en todo lugar un fenómeno monetario”, era fundamental para la promoción de un desarrollo económico estable un estricto control de la inflación, a través de una política monetaria rígida.
De este modo, y contrariamente al keynesianismo preponderante del periodo de la post-guerra que animaba al sector público a intervenir en el mercado, el renovado liberalismo que impulsaba Friedman, abogaba abiertamente por la inhibición del estado en la economía.
Para los monetaristas, el estado puede cumplir un rol clave en el desarrollo económico, si se preocupa de liderar un proceso de auto limitación de su propio rol en la economía, concentrando su campo de acción al logro de un riguroso equilibrio fiscal y a la promoción de un proceso de privatización y liberalización comercial.
Fue así que el régimen de Pinochet, a través de los herederos del pensamiento monetarista, los “Chicago Boys” decidió hacer frente al persistente cuadro inflacionario que afectaba a la economía chilena a mediados de los 70’.
No hay acuerdo unánime sobre el impacto que la corriente monetarista ha tenido para el desarrollo y performance económico del país.
Mientras que los seguidores de Friedman destacan el milagro económico chileno con el sólido crecimiento económico a partir de 1985, sus detractores destacan la gran crisis económica que experimentó Chile bajo el monetarismo a comienzo de los años ochenta.
De igual forma hay quienes han criticado el “triunfo del monetarismo” bajo condiciones extremas de intolerancia a la disidencia, y a la participación de la sociedad civil chilena durante el periodo de su aplicación.
En relación a la primera crítica, Friedman destacó las circunstancias externas que rodearon la agudización de la crisis chilena de los años ochenta. En este caso, el infortunio que supuso adoptar un sistema de cambio fijo en relación al dólar, en los momentos en que EEUU decidió aplicar una política monetaria tan rígida, que terminaría por sumergir a toda la economía internacional en una gran recesión.
Aún cuando el sistema de cambio fijo adoptado por el régimen militar colapsó, y el crecimiento económico se revirtió violentamente; llevando los índices de desempleo a niveles históricos en los primeros años de la década de los ochenta, el régimen militar sólo abandonó temporalmente la tesis fundamental del monetarismo; reiniciándose nuevamente su implementación tan pronto la economía comenzó el proceso de recuperación.
Han pasado tres décadas desde que Friedman visitó Chile, e inauguró el cambio radical que estructuraría el desarrollo económico del país.
La atracción irresistible que el programa económico de Friedman despertó entre quienes se unían por un desprecio común por el modelo de economía socialista, ha llevado a muchos a apuntar a Friedman como un ultra-conservador. A estas críticas Friedman una vez respondió:
“Yo no soy conservador. Nunca lo he sido. Nosotros somos radicales, porque realmente queremos llegar al fondo de las cosas. Nosotros somos más bien liberales, pero en el buen sentido de la palabra……y no liberales cuando equivocadamente se usa el término para referirse a la gente que tiene una actitud “liberal”, pero con el dinero ajeno (con los impuestos de los contribuyentes)”.
Para tranquilidad de Friedman y sus seguidores, la mantención del modelo económico por parte de todos los gobiernos democráticos post- Pinochet en Chile, no sólo ha reivindicado la fuerza de las premisas fundamentales del monetarismo, sino también se ha preocupado de desmoronar el argumento de quienes han querido asociar su implementación y viabilidad con la permanencia de regímenes sustentados por la falta de garantías y libertades fundamentales.
Si muchos de los enconados críticos del monetarismo de Friedman, y de las políticas económicas implementadas bajo el régimen militar se han esmerado tanto en profundizar y perfeccionar la base económica construida a partir de sus premisas fundamentales, no es, entonces, una exageración afirmar que el legado de Friedman es la obra de un gran revolucionario, pero de un revolucionario pragmático y visionario.
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Es ilustrativo lo igualmente “desafortunado”, que habría sido para la política argentina de cambio fijo (1 peso: 1 dólar) entre 1991-2001, la devaluación del Real brasileño y la apreciación que experimentó el dólar americano en relación al Euro a fines de la década de los 90’.
La fuerte apreciación que experimentó el Peso Argentino como consecuencia de lo anterior, afectó muy negativamente la capacidad competitiva del país, profundizando el empeoramiento de la balanza de pagos.
Christensen, Lars:”Los Reyes de la Economía: Milton Friedman” (2002:16).
Cerca del final de los días de Pinochet: “El mensaje de Mandela”

“La reacciones de Mandela y del gobierno Sudafricano, ante las noticias del reciente fallecimiento de Pieter Botha, uno de los artífices del vergonzoso régimen de segregación racial “Apartheid”, y responsable del encarcelamiento y vejamen que Mandela y su pueblo sufrieron por décadas, impactan por su generosidad y entereza” (por Carlos Salas Lind).
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Pieter Willem Botha, apodado “el gran cocodrilo” por su temperamento inflexible y explosivo, encabezó personalmente el régimen racista de Sudáfrica en los años 1978-1989, periodo marcado por una represión brutal a los intentos de la población negra por lograr el mínimo respeto de sus derechos políticos y dignidad humana.
Sin embargo, la gran lista de muertes, encarcelamientos, desaparecimientos y torturas, no fue impedimento para que Nelson Mandela, el primer presidente negro
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Especialmente valiosa y polémica, es la entrevista a DON ARTURO MARIN VICUÑA, quien jugó un rol protagónico en la elección e implementación del sistema electoral binominal chileno (la primera entrada).
1- Entrevista a don José Antonio Viera Gallo (sistema binominal)
2- “La otra cara”: Entrevista a Tomás Hirsch en Copenhague, Dinamarca.
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EL SISTEMA BINOMINAL CHILENO: ENTREVISTA A UNO DE SUS AUTORES
“Me parecen absurdos los intentos por modificar el sistema electoral binominal, porque el riesgo que se corre es demasiado grande. No tanto en el sentido de que ocurra una proliferación de partidos, sino, más bien, en que retornemos a la misma forma de hacer política que destruye la claridad, que el ciudadano debe tener, sobre las grandes tendencias en el espectro político. Este proceso ya lo vivimos, un periodo fatal para la viabilidad del sistema político chileno, y su protagonista fue la Democracia Cristiana”. (Arturo Marín Vicuña)
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Con motivo de mi tesis de Licenciatura, contacté a don Jovino Novoa, a través de su dirección de correo electrónico.
Mi intención era recabar información precisa y fidedigna, tanto sobre los criterios que guiaron el diseño del sistema electoral bajo el régimen militar, como de los argumentos que llevaron a elegir el actual sistema binominal.
Don Jovino Novoa se comunicó con el Instituto Libertad y Desarrollo, entidad que me ayudó a contactar a uno de los grandes protagonistas en el proceso de adopción del sistema electoral binominal vigente, don Arturo Marín Vicuña.
La entrevista se desarrolla sin problemas, cumpliéndose plenamente los objetivos planteados. Las respuestas de don Arturo Marín son interesantes, informativas, directas y polémicas.
Sin lugar a dudas, ésta es una entrevista muy valiosa (y recomendable) para quienes tienen interés en saber más, y debatir sobre las dinámicas que impulsaron la adopción de nuestro controvertido sistema electoral binominal.
Cabe destacar – que a pesar del tiempo transcurrido – esta entrevista mantiene intacta su actualidad.
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Objetivos:
“Los objetivos de esta entrevista son averiguar los motivos que llevaron al gobierno militar a reemplazar, el sistema electoral proporcional vigente hasta 1973, por un sistema binominal. Además, se busca determinar las consideraciones que se tomaron en cuenta, al adoptar un sistema electoral como el vigente en Chile”.
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Entrevista
Mi nombre es Arturo Marín Vicuña. Fui sub-secretario del Consejo de Estado, instancia que estudió el proyecto constitucional.
Fui secretario de la sub-comisión de Leyes Orgánicas Constitucionales, que estudió el sistema electoral y, además, fui asesor del Ministro del Interior para ésta y otras materias. Todas éstas de índole, fundamentalmente, político.
El sistema binominal está establecido en dos normas;
Primero, en la constitución del año 80’, donde queda establecido el procedimiento respecto de los senadores, señalando que cada región elige dos senadores.
Lo anterior se determinó en el Consejo de Estado en el año 1979, pero sin señalar nada sobre los diputados. En relación a este punto, solamente se indicó que a partir de la ley se iba a establecer el sistema electoral de diputados, y que el número de diputados serían 120.
Es decir, se estableció un número fijo, ya que anteriormente en la constitución de 1925, había un número movible de acuerdo al censo poblacional.
En ese entonces, el número de diputados osciló entre 147-150 aproximadamente.
Nosotros quisimos evitar que el número de diputados se fuera ajustando de acuerdo al crecimiento poblacional, porque pensamos que no valía la pena complicarnos con temas administrativos colaterales.
Por supuesto, algunos le atribuían mucha importancia, pero nosotros no. Por esta razón, decidimos facilitar este proceso, dejando el número de parlamentarios en una cantidad fija de 120.
Pero lo sustancial de lo que te quiero decir, es que en la constitución quedó establecido el sistema electoral, pero sólo respecto de los senadores, y la ley de vías rurales para determinar la elección de diputados.
En la Comisión de Reformas Constitucionales, que incluía el Proyecto Constitucional, se barajaron toda clase de ideas acerca de cómo debía ser el sistema electoral parlamentario.
Estas discusiones no eran nunca concluyentes, por lo que en el Consejo de Estado se decidió zanjar el tema, sin mayores contratiempos.
Se señaló que para la elección de senadores, se utilizaría un sistema de elección binominal, y que para la elección de los diputados se seguiría la ley. Pero resulta que la ley había que estudiarla en la Comisión de Leyes Orgánicas Constitucionales, y ahí yo era secretario.
Ahora, yo nunca presencié grandes debates sobre el tema, y no tenía ninguna duda sobre el sistema a utilizar, y ahí vamos a entrar a discutir porqué.
Lo único que puedo decir, es que tengo clarísimo que hubo dos personas que fueron, categóricamente, partidarias del sistema binominal, sin que yo les oyera nunca argumento alguno en otro sentido.
Yo manejaba un poco el proyecto, aunque suene muy pedante lo que te estoy diciendo, pero así era; y había gente que me interesaba en ese momento, por lo que decidí mandarle los proyectos.
Se lo envié a los distintos políticos de todas las tendencias, pero nadie contestaba ni decía nada.
-¿En qué año ocurrió eso?
Respecto de la Constitución, fue en el periodo 1979-1980. En relación al sistema electoral, ahí estamos hablando del año 1985-1986.
En ese periodo, ya había una apertura política. Los partidos políticos estaban prácticamente funcionando, claro recién había una ley de partidos políticos por lo que éstos estaban recién re-organizándose. La UDI ya se había formado, no recuerdo bien, pero en germen.
En el año 1985-1986 empezó a tratarse el sistema electoral en esta Comisión de Ley Orgánica, y te contaba que había dos ministros interesados y que expresaron su opinión en forma categórica.
Uno de ellos fue el Ministro del Interior don Sergio Onofre Jarpa, a quien yo nunca le oí dar ningún argumento en contra.
Al contrario, don Sergio Onofre Jarpa consideraba que el sistema electoral binominal, era el más adecuado para la realidad política chilena.
El otro Ministro del Interior, que fue muy condescendiente conmigo, me dijo que yo fuera a defender el sistema binominal, porque yo tenía los argumentos más convincentes.
Este ministro era el señor Sergio Fernández quien presidió, en su momento, la Comisión de Leyes Orgánicas Constitucionales.
El apoyo de estas personas era básico, porque estas comisiones nada podían hacer, si el gobierno militar opinaba otra cosa.
Entonces, supongo yo, que el presidente Pinochet y la Junta de Gobierno tienen que haber visto que sus ministros políticos, que eran obviamente de derecha pero distintos, como Sergio Onofre Jarpa y Sergio Fernández, estaban de acuerdo con el sistema binominal.
Bueno, y así se hizo.
Pero repito, yo nunca oí argumentos en contra. La primera vez que se debatió el tema, más abiertamente fuera de las paredes de las salas de reuniones, fue durante una conferencia realizada en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile.
Eran unas presentaciones, en las que habíamos cuatro expositores, ante un público compuesto por cientistas políticos, periodistas e interesados.
Me acuerdo que estaba Jaime Guzmán, Juan de Dios Carmona, no se si tú lo ubicas, pero fue Senador DC y ministro de Defensa de Frei Montalva. Bueno, estaban esas dos personas y otras más que no recuerdo muy bien.
El tema central era el sistema electoral a adoptar. Recuerdo que eran tan incipientes las cosas que pensaban las demás personas, y que eran miembros de la Comisión de Leyes Orgánicas, que yo no recogí ningún argumento. Todo lo que se opinaba era vago, simplemente vaguedades.
Yo, en cambio, escribí y leí, aunque fuera latero.
Eso sirvió para que se publicaran mis argumentos en una revista del instituto de Ciencias Políticas, en un librito en el que se publicaban las actividades anuales.
Lo menciono, por que ahí se informa un poco sobre lo que yo pretendía. Esto fue en Enero, no se si del año 1984 o 1985. Si tú me dejas tu dirección, yo te puedo mandar una copia y ahí puedes encontrar las razones. (Don Arturo me envió posteriormente una copia de ese documento a mi correo electrónico).
Como no se trataba de latear mucho porque era una conferencia en la que intervenían cuatro o cinco personas, el documento no podía ser muy extenso.
Yo creo que nadie lo ha leído, pero pienso que tiene un valor por que al momento de redactarse el mensaje o el informe técnico del proyecto para que Pinochet explique a la junta de Gobierno nuestra decisión, tú vas a ver que los argumentos son coincidentes con las razones dadas por mí en el Instituto de Ciencias Políticas.
Ahora, dábamos por hecho que iba a haber una discusión entre los cientistas políticos, entre los que piensan en estos temas, y especialmente sobre la influencia que la ley electoral podía tener en la existencia de los partidos políticos.
Yo decía que yo asumía esa discusión, pero no entraba en ella. Yo parto de la base que el sistema electoral influye en algo, no se si excesivamente, pero parto de la base que influye.
En todo caso para que voy a discutir cuanto influye y para que voy a investigar.
Sin embargo yo siempre estuve categóricamente en contra de elegir tres por circunscripción.
Esto por una razón muy simple, y es que si se acepta elegir tres por circunscripción electoral obviamente se está permitiendo que dos sean mayoría, si éstos se unen frente al tercero.
Es una cuestión elemental, fácil… y en mi opinión, éste era uno de los males que podía ocurrir en Chile, si permitíamos que una propuesta como ésa prosperara.
Cuando el proyecto se hizo público y empezaron, sobre todo en la Concertación, a pensar que esto venía en serio, empezó Francisco Cumplido justamente a promover un sistema en el que se eligieran tres (por distrito).
Incluso, me mandaron a Peter Nogel, un experto electoral…. creo que es alemán, estuve con él dos veces, y él era partidario de un sistema proporcional.
Me decía que un sistema electoral proporcional era el adecuado para Chile.
A mí esta opinión me sorprendía mucho, porque si él es alemán, entonces sabrá mucho de sistemas electorales del mundo, pero no necesariamente de lo que le convenía a Chile.
Yo creo que este señor era un mensajero de la Democracia Cristiana, y digo esto, porque un sistema proporcional, en el fondo, ayudaba a esos sectores políticos.
Uno puede decir que el sistema proporcional es el sistema más libre, porque es mucho más libre que se elijan tres, cuatro o diez por circunscripción. Pero al adoptar un sistema electoral, hay que compatibilizar dos cosas:
Una representación adecuada de las mayorías y de las minorías, pero al mismo tiempo facilitando la gobernabilidad.
Para que un sistema presidencial funcione, un presidente debe contar con mayoría y con una mayoría clara, porque así se promueve la gobernabilidad.
Hay que pensar, por ejemplo, que don Jorge Alessandri no tuvo mayoría o la perdía, y tenía que formar coaliciones, aunque él era un presidente y no un primer ministro.
En este sentido nosotros creíamos que el sistema electoral tenía que influir en la cantidad de partidos, porque la cantidad de partidos y el sistema electoral, no sólo deben tener importancia en materia de representación, sino que también para la estabilidad del sistema.
Esa era la forma de evitar que la política se volviera engañosa, y que la labor del gobierno se entrampara en tonteras.
Mira, sobre esa aficionada mirada a la historia de Chile durante el siglo XX, yo conocía, personalmente, el periodo 1950-1960 no más.
Pero uno escuchaba a todo el mundo repetir lo mismo, y era que en Chile la opinión pública estaba dividida básicamente en tres tercios; izquierda, centro y derecha.
Esa premisa yo nunca la acepté, porque lo que yo viví, en los últimos años de la década de los 60 y principios del 70’, fue el descalabro total de Chile.
Es verdad que había tres bloques, pero cada uno no sumaba un tercio.
Por ejemplo, la derecha tuvo en sus mejores momentos sólo el 22%, y yo creo que un sistema político que no le permite a un sector de la opinión pública ser gobierno y nunca alcanzar una mayoría parlamentaria, no puede funcionar.
Es decir, un sistema donde no existe electorado político que le permita a la derecha gobernar alguna vez, ¿pero sí a la izquierda?…… Eso no es alternancia, eso es una trampa.
-Pero, ¿ y si ésa es la voluntad del electorado……?
…..Claro uno puede decir que los electores no quieren votar por ellos, pero es aquí donde tenemos el problema. El problema era que estos tres bloques, no eran en realidad tres posiciones, claramente, delimitadas.
Te doy un ejemplo. En el tema de la propiedad privada, uno podía tener una opinión categórica en cuanto a la inviolabilidad de la propiedad privada.
Cuando la propiedad es inviolable para la persona, ésta reacciona diciendo; “mire señor, si el estado quiere pasar un ferrocarril por este lugar, sea propiedad de él o un concesionario, o un privado apoyado por el estado, no puede”.
Si la persona dice que no, entonces no se puede tocar la propiedad.
Para esta persona el derecho de propiedad es obviamente intocable, y era fácil para ella encontrar un lugar de representación en la derecha más extrema.
Indudablemente, un concepto tan extremo nunca ha existido, pero teóricamente uno puede utilizarlo para ir posicionando a las personas ideológicamente.
De la misma manera, quienes consideraban el derecho de propiedad como inexistente y no reconocible, se alineaban claramente con el comunismo utópico.
Ahora, había un espectro grande de personas que, aún cuando creían en el derecho de propiedad, aceptaban la indemnización como forma pago, si ese derecho se violaba.
Es decir, el concepto de inviolabilidad de la propiedad comienza a flexibilizarse.
De esta manera, si uno analiza la realidad chilena de los años 50 y 60, observa claramente que por un lado había una derecha, por el otro una izquierda, pero al medio había un área rara, llamada Democracia Cristiana.
Entonces si tomamos en cuenta el tema de la reforma agraria. ¿Qué hace la Democracia Cristiana?. Desde mi punto de vista simplemente engañaba a la opinión pública…. y todavía lo hace…
Tú te preguntas ..¿ y cómo?
Por ejemplo diciendo; “yo cristiano, soy respetuoso de un sin fin de derechos”.
…Y una viejita, que poco sabe de política o concepto jurídico político, encuentra simpático a un señor que se muestra moderado, que promete reivindicaciones sociales, que coincide con algunas cosas como el derecho a la propiedad privada, pero también de posición contraria a los hacendados en materia de reforma agraria.
Este señor se vuelve, incluso, más atractivo para este tipo de elector, porque recalca que él no es violentista, comunista como la izquierda que propiciaba la dictadura del proletariado.
Esa posición electoral en la política chilena era fantástica, pero un engaño porque al momento de hacer gobierno, sus políticas eran muy cercanas a la izquierda. La única diferencia era que no se casaban con el Kremlin, con Moscú.
Y esa situación llegó a ser tan extrema, que llegamos a los años 70’ con tres candidatos que reflejaban eso, lo que la opinión pública percibía como los tres bloques de la política chilena:
La derecha con Don Jorge Alessandri, la Democracia Cristiana o centro con Radomiro Tómic y la izquierda con Salvador Allende.
Sin más ni menos, el candidato demócrata cristiano llegó, incluso, a afirmar que su programa de gobierno era más revolucionario que el de Salvador Allende, pero revolucionario en libertad y otras cosas bonitas también.
Entonces, con un sistema electoral proporcional, este señor se acomodaba al medio, y la Democracia Cristiana terminaba capturando los votos de los incautos.
Capturando los votos de personas que no entendían bien, o que no tenían tiempo para preocuparse de entender, claramente, lo que propiciaba este candidato demócrata cristiano.
Con esta experiencia, yo sigo creyendo que un sistema electoral debe fundamentalmente aportar claridad al elector, claridad a la opinión pública.
Esto es muy importante porque, en mi opinión, en cualquier país la inmensa mayoría de la gente es de centro, moderada y los extremos son mínimos.
Concluyo afirmando, entonces, que el espectro político chileno no estaba realmente dividido en tres partes, y mucho menos en tres tercios.
Esto también era producto de un sistema electoral, en el que se elegían los representantes al parlamento en números impares.
Te nombro esto, porque si uno divide y asigna cuatro representantes por circunscripción, el resultado es parecido a dos. Ahora si uno lo divide en tres, gana eligiendo dos, es decir los dos tercios de los asientos correspondientes a ese distrito.
Y si uno lo divide en cinco, el resultado es igual a tres, porque cinco permite que uno gane tres escaños y el contrincante sólo dos.
Entonces, es por éso que Francisco Cumplido proponía elegir a tres:
Un socialista, un demócrata cristiano y uno de derecha.
Claro, ellos se aliaban con los socialistas y hasta ahí llegábamos nosotros……
o sea, caíamos nuevamente en lo mismo, el gran descalabro del país.
Carlos, hay que recordar que el sistema electoral chileno no era, ni de tres ni de cinco, sino variado.
Había circunscripciones en que se elegían quince, otras en las que se elegían tres, cinco, siete, nueve…
Era lo mas diverso y arbitrario que había. No se podía encontrar ninguna consideración lógica, porque venía todo derivado de una división que se había hecho durante 100 años, y que no tenía ningún ordenamiento ni procedimiento lógico.
Hubo un proyecto para hacer un ordenamiento que durmió 30 años en una comisión del senado.
¿Y por qué no cambiaban ellos el sistema electoral en ese entonces?
Por una cosa elemental, y es porque un sistema electoral, cuando ya se establece, son solamente los elegidos los que pueden cambiarlo.
¿Y éstos van a poner en juego su propio cargo, su re-elección si lo cambian?
Este antecedente quedó palpado en ese proyecto que existió, pero que terminó archivado.
-A partir de lo que usted señala.- ¿Cómo se llegó a concluir que el sistema binominal, era la mejor alternativa para el proceso de elección parlamentaria?
Nosotros creíamos que había que realizar un re-ordenamiento y adoptar un sistema que permitiera al elector concluir con claridad cuales eran los grandes lineamientos políticos.
Esto se lograba, obviamente, desechando la idea de reimplantar un sistema proporcional, y en su lugar adoptar un sistema mayoritario.
Se buscó de esta manera reducir las posibilidades de que gente extremista fuera elegida, porque un extremista siempre tiene la posibilidad de ser elegido en un sistema muy abierto, como el vigente en Chile hasta el año 73.
Tú comprenderás que en Chile estos extremistas no eran excepcionales, eran muchos y terminaron arrastrando el país al caos del 73’.
Entonces, las dos opciones, dentro de los sistemas mayoritarios, eran el sistema uninominal y el binominal.
Obviamente, desechamos el sistema uninominal (elegir a un diputado por distrito), porque conociendo lo extremista que son los chilenos en una elección, y sobre todo en la primera elección, podía unirse la oposición, y ganar en todos o casi todos los distritos y circunscripciones.
Con el 100% o 90% de representación en el parlamento, la oposición podía hacer lo que se le diera la gana, y dar vuelta el país para todos lados.
La única alternativa que nos quedaba era el sistema binominal. Aunque se corría el riesgo que con el tiempo se pudieran producir empates políticos en la cámara de diputados; con 60 parlamentarios de gobierno y 60 parlamentarios de oposición.
Pero ese riesgo no es serio para el funcionamiento del trabajo legislativo, porque con la moderación que produce el sistema, lo que hace en realidad es forzar al presidente a buscar acuerdos con la oposición.
Esa nueva tendencia, frente al extremismo que sufrimos el siglo pasado, nos parecía en realidad algo muy bueno.
Francamente, nosotros creemos que se ha cumplido lo que nosotros suponíamos.
Está dicho en mi artículo que, afortunadamente, el Instituto de Ciencias Políticas lo publicó en esos años.
Ahí se establece que el efecto reductivo que el sistema binominal ejercería sobre los partidos políticos, y el consiguiente efecto moderador de la política se iba a producir, si no en la primera elección, muy probablemente a partir de la segunda.
No creo que esta moderación de la política obedezca exclusivamente al sistema electoral binominal, porque uno no puede prever todas las circunstancias históricas que va a recorrer un pueblo.
Pero creímos que el sistema iba a ser un soporte importante, y así ha sido.
No habría sido igual la política chilena con un sistema proporcional de tres, cinco, nueve, ocho, ¡no!……no habría sido igual.
-Usted opina que la moderación en el sistema de partidos chileno, no obedece exclusivamente al sistema binominal. ¿Entonces por qué genera tanta preocupación en algunos sectores de derecha su posible modificación?
¿Usted cree que el país se podría volver a polarizar, si se introducen los cambios que el gobierno impulsa?
La verdad es que no tengo absolutamente claro los cambios. Yo creo que la ley electoral admite cambios, pero no el sistema.
-¿Por qué?
Porque el binominal es un sistema de elección uniforme y simultáneo de dos. Es decir, cada circunscripción o distrito, al mismo tiempo, elige dos senadores o diputados respectivamente.
De tal manera que cualquier cambio que se haga en el sentido de alterar, el que simultáneamente se elijan dos en todas las circunscripciones y distritos, es cambiar totalmente el sistema electoral.
En este caso el sistema electoral dejaría de ser un sistema de elección binominal.
Yo no se hacia que dirección apuntaría un cambio al sistema electoral. Es decir, de que manera el gobierno puede tratar de cambiar el sistema, o perfeccionar el sistema manteniendo lo básico, que es elegir dos y en forma simultánea…..
Perdón…. ¿cuál era la otra pregunta?
-…..Si Usted cree que al reemplazar el sistema binominal por un sistema proporcional….
Ahhh el efecto que puede causar….. Yo creo que Chile lleva apenas 11 años con un sistema que ha producido efectos positivos (en relación a la fecha de la entrevista, marzo del 2001).
Me parecen absurdos los intentos por modificar el sistema electoral binominal, porque incluso aceptando la premisa que el sistema sólo ha funcionado relativamente bien, el riesgo que se corre al modificarlo es demasiado grande.
No tanto en el sentido de que vaya a haber una proliferación de partidos, sino más bien, en que retornemos a la misma forma de hacer política que destruye la claridad, que el ciudadano debe tener sobre las grandes tendencias en el espectro político.
Este proceso lo vivimos y fue fatal para la viabilidad del sistema político chileno. Y su protagonista fue la Democracia Cristiana.
Además, hay que pensar que la Concertación gobernante de hoy día lleva tres gobiernos, y buena parte de esto es producto del sistema electoral, porque los fuerza a unirse. De lo contrario, no tendrían ni presidente, ni coalición.
Es bien curioso. La verdad es que nosotros anticipábamos todo lo que he dicho.
Es curioso, porque la derecha representaba en sus mejores momentos, en los últimos 70 años el 20-22% del electorado y bastó un sistema binominal para que la derecha subiera.
Uno puede decir aahh,……. pero es que el sistema tiene la trampa de que hay que doblar al segundo para sacar los dos, y con el 30 y tanto % basta para salir elegido.
Yo a esas personas les contesto de forma muy simple, y es que muchos parlamentarios de la Concertación también salen elegidos con esos porcentajes.
Ahora, yo creo que al elegir solamente dos por distrito o circunscripción, se produce un efecto, y naturalmente que si se rompe el sistema electoral; o sea si ya no se eligen dos, el efecto sería negativo.
Este sería el caso, porque Chile es un país políticamente en formación, aunque se crea muy cívico y con mucha tradición. En este país, una cantidad enorme de la población es todavía muy pobre, y cuando hay pobreza, hay un nivel de educación bajo.
Por algo en el siglo XIX, el sistema democrático era democrático para los que tenían una posición económica, porque éstos tenían acceso a la educación.
Uno podría opinar que esa situación es una barbaridad, pero es un hecho real.
A medida que hay educación, la gente entiende más, y tiene más posibilidades de mejorar la política haciendo que ésta sea menos demagógica.
En Chile, aún es fácil caer en las manos de la demagogia, y por eso no tengo ninguna duda, que al re-implantar un sistema proporcional, se alentaría nuevamente esta práctica, y obviamente no puede ser bueno para el país.
-¿Hubo acuerdo, entre todos los integrantes de esa comisión, en cuanto a que el sistema binominal era la mejor alternativa? ¿Participaron otras personas que no estuvieran ligadas al gobierno militar?
En la Comisión de Leyes Orgánicas eran, naturalmente, todos de derecha.
A los demócratas cristianos se les llamó a integrar esta comisión y en algún momento estuvieron, pero se enojaban por cualquier decisión política del gobierno y finalmente se retiraron.
Entonces quedó obviamente pura gente de derecha, y ahí no había claridad sobre el sistema.
Es más, a última hora parecía que no se aprobaba el sistema binominal y Sergio Fernández, no siendo ministro del interior en ese momento pero sí presidiendo la Comisión, estuvo a punto de parar el tema.
Costó mucho una decisión, entre otras cosas porque el actual diputado de Renovación Nacional, Gustavo Alessandri, proponía un sistema que era absolutamente arbitrario.
En algunas circunscripciones se elegían nueve, en otras siete, en fin, todas como le acomodaban a él. Nosotros no hicimos el sistema para que nos acomodara, sino para que nos diera la oportunidad de gobernar.
Porque repito, un sistema que no le da la oportunidad a la derecha, que se la niega en un 100%, como era el sistema antiguo, no va a permitir la alternancia. Eso no puede ser democrático.
Saliéndonos del tema estrictamente binominal, al momento de formar las circunscripciones que fueron hechas en el consejo de estado por el secretario del Consejo de Estado, don Rafael Valdivieso. Yo era el pro-secretario, de manera que pude ver como se hizo.
Don Rafael Valdivieso realizó seis ejemplos o ensayos con sujeción estricta a una representación igualitaria en todos los distritos.
El trató de perfeccionarlo cada vez más con las estadísticas en mano, sobre los límites territoriales y sobre la población mayor de 18 años, que es la que tiene derecho a voto.
El trabajo de don Rafael fue absolutamente honesto, porque el criterio fue simplemente unir circunscripciones de comunas colindantes, o provincias y comunas colindantes, ajustándonos a las divisiones administrativas.
Esto se hizo con el propósito de formar una circunscripción por cada 120.000 habitantes o más y 90.000 a lo menos. Ese fue el criterio.
Este proyecto se envió por la Comisión de Leyes Orgánicas al gobierno, y cuando se envío al gobierno, ya era ministro don Sergio Fernández.
En ese momento Sergio Fernández quiso hacer la distribución de los distritos en forma distinta. ¿Y qué propuso?
El propuso una forma muy ingeniosa y dijo:
“Dividamos el país, en vez de trece regiones para los efectos electorales, en cuatro macro regiones: la gran macro-región norte, la gran macro-región metropolitana-centro Santiago, Valparaíso, la gran macro-región centro-sur y una gran macro región sur-austral”.
Sergio fernández planteaba que en cada macro-región, como son cuatro, se eligiera el 25% de los parlamentarios.
Así se envió inicialmente el proyecto a la Junta de Gobierno.
Bueno, entre medio, ocurrió el plebiscito presidencial, donde perdió Pinochet claramente.
Entonces, asumió un nuevo ministro que había sido consejero de estado, don Carlos Cáceres, con quien fui a trabajar como jefe de gabinete. Lo primero que hicimos fue retirar esa parte del proyecto propuesta por Sergio Fernández. Así lo decidimos, porque considerábamos que era una locura que en una macro región como Santiago y Valparaíso, que concentraba el 50-60% de la población del país, sólo se eligiera el 25% de los parlamentarios.
Era injusto para Santiago, y un premio exagerado para las otras macro-regiones.
Además tengo que decir que yo encontraba todo artificioso.
Lo primero que se hizo, entonces, fue retirarlo y volver a la distribución hecha por don Rafael Valdivieso. Yo me acuerdo que apenas retiramos el proyecto, salió Ricardo Lagos diciendo que el gobierno había retirado el proyecto para alterar los distritos electorales de acuerdo al resultado del plebiscito del Sí y el No.
O sea que Lagos creía que se buscaba ponerle más donde le había ido bien a Pinochet, acomodando la circunscripción. Eso lo dijo un día, en una carta hace poco, el actual asesor cultural de Lagos, el señor Esquella.
Yo desmentí de inmediato esta aseveración, porque nosotros retiramos el proyecto, justamente, para hacer lo contrario de lo que decía el señor Lagos, y era eliminar esas macro-regiones para no darle a Santiago, solamente, un 25% de la representación.
Nosotros queríamos dar una verdadera representación en todo el país y sobre la base de un diputado por cada 120.000 o 90.000 habitantes. Teníamos que tener un rango, porque no todas las circunscripciones son exactas. Entonces Santiago elevó su representación, inmediatamente, y se ajusto más o menos a lo que su población, en porcentaje, representa dentro de Chile.
No digo exactamente, porque el gran problema que tenemos, si queremos ser igualitarios en materia electoral en Chile, son los territorios del sur; los territorios de Aisén y Magallanes.
Estos territorios son extensos, muy poco poblados y rompen toda lógica dentro del sistema electoral.
Pero son regiones igual que las de acá, por lo que no podíamos bajarles el status.
Además la propia constitución habla de las trece regiones, por lo tanto teníamos que ajustarnos a eso.
Por esa razón, todas las demás regiones aparecen un poco disminuidas. Pero esto se hizo, exclusivamente, pensando en el beneficio de Aisén y Magallanes.
Don Arturo, muchas gracias por su valiosa entrevista.
Encuentro con don Patricio Aylwin Azocar

ENCUENTRO CON DON PATRICIO AYLWIN
“…Aunque parezca absurdo, es posible que sea un eventual gobierno de derecha, el que termine de hacer los cambios más sustanciales que se requieren para perfeccionar nuestra democracia: entre otros, las modificaciones al sistema electoral binominal” (Don Patricio Aylwin Azocar, ex-presidente de la república de Chile, 1990-1994)
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Presentación
Por encargo de la Sociedad de Empresarios Daneses, Dansk Industri (que equivale a la Sofofa en Chile) la firma Global Mind debía preparar un reporte sobre el manejo de riesgos de carácter político, económico y social en Chile.
Por este motivo, fui invitado por el analista Danés – Ole Hansen – a formar parte del equipo que se encargaría de escribir el informe – y de viajar a Chile – para entrevistar a actores del mundo político, empresarial y de la administración pública.
Decidí aprovechar esta oportunidad para contactar a la secretaria de don Patricio Aylwin – y evaluar la posibilidad de ser recibidos por el ex-mandatario – con el propósito de
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