Michelle Bachelet y Adimark: ¿Popularidad anti-sísmica?

“Michelle Bachelet parecía destinada a consolidarse como la presidenta más querida de nuestra historia moderna,  dejando – de paso-  a sectores de la sociedad chilena con gusto a poco” (por Carlos Salas Lind, publicado por La Tercera, enlace directo al 3Blog).

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Sin duda, el gran acierto político y comunicacional del gobierno de Michelle Bachelet, fue la capacidad de la presidenta (y su equipo), de transformar un escenario muy adverso – como el creado por la crisis financiera del 2008 – en una oportunidad para romper el aura de mediocridad que envolvía a su administración.

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Una imagen maternal – que flexibilizaba la rigurosa política de austeridad fiscal que siguieron sus antecesores – comenzó a ablandar el corazón de quienes sospechaban que estos cuatros años tenían poco que ofrecer.

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Y rompiendo su propio record de popularidad – hasta dos semanas antes de terminar su mandato -  Michelle Bachelet se consolidaba como la presidenta más querida de nuestra historia moderna,  dejando – de paso-  a sectores de la sociedad chilena con gusto a poco.

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Pero el 27 de febrero – junto con el despertar muy amargo que vivió el país – se quebraron importantes mitos en torno a Chile y su aclamado modelo de desarrollo.

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La apacible despedida que se fraguaba en un mes de verano, fue interrumpida por un acontecimiento de una  magnitud impresionante. Esta vez, un liderazgo que había sorteado casi tres años de malas noticias, era puesto a prueba con una intensidad arrolladora y con el tiempo en  contra.

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Hoy, nos enteramos que un mar de críticas ampliamente justificables, pero otras también lindando en el oportunismo, no han remecido una base que apenas se formó en un año.  A pocos días de quedar en evidencia las peores consecuencias del cataclismo, la encuesta Adimark revela que Michelle Bachelet habría logrado blindarse del juicio categórico de un importante sector ciudadano.

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No es un hecho menor, porque de confirmarse esta percepción con futuras mediciones, la presidenta habría sorteado una prueba durísima para cualquier mandatario que enfrentase una emergencia de esa trascendencia y en esas circunstancias.

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Independientemente de la tragedia que embarga a miles de chilenos (que no debe  por -ningún motivo- quedarse en las estadísticas), el resultado de la medición llevada a cabo por Adimark, sería un hecho de grandes implicancias para el juego político post  11 de marzo.

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Así lo entienden “el mercado político”, y quienes no se aguantaron las ganas de saber en qué pie había quedado la gran popularidad de Michelle Bachelet  – después de los trágicos y tumultuosos sucesos del 27 y 28 de febrero.

Política de Chile

Terremoto en Chile: ¿De vuelta al tercer mundo?

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“El repetido discurso progresista – en torno a la grotesca desigualdad en la distribución de los ingresos en Chile –  no habría bastado para impulsar una agenda social más ambiciosa y visionaria mientras se pudo” (por Carlos Salas Lind).

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El terremoto en Chile no solamente fue noticia por la intensidad, la desgracia y dramatismo de los testimonios, sino también por ser el único acontecimiento de importancia global el sábado 27 de febrero. Esto último contribuyó a que el nivel de exposición que alcanzaran los sucesos en Chile fuera impresionante.

A pocas horas de ocurrido el mega terremoto – y a pesar del drama humano que vivía gran parte de la población chilena – Chile aparecía frente al mundo como un país que resistía – estoicamente – una catástrofe excepcional.

¿Cómo era posible que una nación – aún en vías de desarrollo – pudiera demostrar ese nivel de fortaleza y preparación?

La respuesta solo podía entregarla una historia de 20 años – acentuada con la reinserción en la sociedad de las democracias y un performance económico envidiable en un continente marcado por la ineficiencia y luchas de poder.

Y ante la mirada de una comunidad internacional atónita y expectante, el gobierno de Chile recomendaba a los potenciales donantes del planeta, a quedarse en “sus casas”, a dejar su ayuda humanitaria en la despensa para evitarnos el doble trabajo de tener que recibir y distribuir aportes que no necesitábamos.

Todo indicaba que estábamos frente a un país que – silenciosamente- se había desarrollado a espaldas del mundo – que era capaz de ayudar y ayudarse al mismo tiempo, que la invitación a unirse al club de los grandes – dos meses antes – no había sido producto de una simpatía desmesurada, sino de un reconocimiento oportuno.

Pero la menor intensidad noticiosa – que normalmente caracteriza a un fin de semana – “se confabuló” con las imágenes que comenzaron a originarse – un día después – del obligado encuentro con una desgracia recurrente.

La impresión inicial comenzó a contradecirse con los testimonios de abandono y carencias que expresaban las víctimas de las zonas más afectadas. Hordas simbolizaban el comportamiento colectivo más representativo de la irrupción del caos. Los canales del mundo mostraban calles, ciudades y pueblos modestos – abarrotados de gente que ya tenía demasiado poco.

Al país desarrollado lo denunciaba la evidencia, la desorganización, la información incoherente y apurada por un sector de la clase política – que en un comienzo – parecía más preocupada de irse con la frente en alto (para dejar la puerta del retorno abierta), o de llegar como los grandes salvadores (y cerrar la misma puerta con llave).

Aunque sorprenda, lo real es que – independientemente del contexto – los sucesos que marcaron la elevación y caída de la imagen de Chile – en menos de 24 horas – podrían haber estado presente en cualquier país que hubiera sido azotado por una catástrofe como la vivida la última semana de febrero.

Nuestro problema radica – en buena parte – en el intento de posicionar una imagen con poco sustento, de débil contenido social en comparación con los recursos acumulados por un país que- durante las últimas dos décadas – ha experimentado altos índices de crecimiento económico.

Las entidades financieras internacionales afirman que Chile dispone de importantes recursos para iniciar un proceso de reconstrucción vigoroso. Se habla de ahorros cercanos a los 16.000 millones de dólares – correspondientes a los excedentes por el mayor precio del cobre – cantidad que representa alrededor de un 12% del Producto Interno Bruto.

Con estas cifras, el repetido discurso progresista – en torno a la grotesca desigualdad en la distribución de los ingresos en Chile – no habría bastado para impulsar una agenda social más ambiciosa y visionaria mientras se pudo. ¿Ese podría ser el llamado “a meditar sobre Chile” realizado por el ex -presidente Lagos hace unos días?

Curiosa comparación, si se toma el caso de Noruega – país que ha acumulado una gran cantidad de excedentes por el mayor precio del petróleo. A pesar de haber erradicado la pobreza hace ya bastante tiempo, y poseer – hoy – uno de los estándares de vida más altos del mundo, los ciudadanos noruegos participan activamente de la discusión en cuanto al uso que el Estado debería hacer de esos fondos. El principio es que esos recursos pertenecen a toda la sociedad, y todos – especialmente los menos privilegiados – deben percibir el mejoramiento de su condición personal y entorno.

Es decir, la tragedia de nuestro país también ha dejado en evidencia la disposición de recursos que habrían permitido abordar una serie de gravísimos problemas sociales en el país que conocimos hasta el 26 de febrero. Por lo menos, los más urgentes, los que más nos atan al tercer mundo del que no queremos (ni debemos) ser parte.

Y entre esas necesidades urgentes, también correspondería dotar al país de toda la instrumentalización y conocimiento especializado que contribuyan a salvar vidas; inversión – por cierto – ya realizada por naciones de menor actividad sísmica que la nuestra.

Política de Chile

El difícil primer año de Sebastián Piñera

“A nivel macro económico, ésa era la misión que debía poner en marcha el vencedor de las elecciones presidenciales: revertir la tendencia al alza que ha experimentado el gasto público, pero evitando, a la vez, un empeoramiento en la calidad de vida de la población”, por Carlos Salas Lind. Publicado por La Tercera, enlace directo.

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La decisión que debe tomar el nuevo gobierno  – en torno a la medida transitoria de reducción al impuesto de la bencina adoptada el año 2008, es un buen ejemplo de lo difícil que puede llegar a ser el primer año de la administración de Sebastián Piñera. Por cierto, los anuncios menos felices en materia económica (si corresponde materializarlos antes de asumir oficialmente las funciones), no pueden hacerse a medias, entregándole al adversario la posibilidad de reforzar un discurso fatalista frente a los cambios que se avecinan.

Los anuncios menos felices en materia hacerse a medias, entregándole económica (si corresponde materializarlos antes de asumir oficialmente las funciones), no pueden al adversario la posibilidad de reforzar un discurso fatalista frente a los cambios que se avecinan.

Lo complicado es que las correcciones que se logren -  en el aspecto comunicacional -  no solucionarán un rompecabezas mucho mayor que pondrá a prueba toda la capacidad (y creatividad), de la administración de Sebastián Piñera.  Ante el aparente término de la peor etapa  de la crisis internacional,  la tendencia global indica que las decisiones económicas – que impliquen un impacto directo para el poder adquisitivo de las personas  – serán más recurrentes en el corto plazo.

Muchos países – que en el marco de políticas económicas expansivas (en tiempo de crisis), vieron aumentados su déficit fiscal – están siendo objeto de una creciente presión internacional destinada a la reducción del gasto público. Es decir, al retorno de políticas fiscales austeras que promuevan un nivel de crecimiento que garantice la sostenibilidad de mediano y largo plazo.

A pesar de mantener una economía sana, el gobierno de Michelle Bachelet no pudo evitar incurrir en un desequilibrio fiscal que deberá ser estabilizado.

A nivel macro económico, ésa era la misión que debía poner en marcha el vencedor de las elecciones presidenciales: revertir la tendencia al alza que ha experimentado el gasto público, pero evitando, a la vez, un empeoramiento en la calidad de vida de la población (y, lógicamente, la insatisfacción del electorado).

En otras palabras, con menos recursos, Sebastián Piñera deberá hacer lo mismo, o incluso más si – a corto plazo – debiera comenzar  a concretarse la promesa de un millón de empleos.

¿Pero es viable reducir el gasto público sin crear la sensación de empeoramiento de la economía a nivel personal?

Como norma, si  se busca crear mayor eficiencia en el sector público, necesariamente se debe recortar la cantidad de recursos que se asignan a las diferentes reparticiones. En  cualquier país del mundo, eso suena a prescindir de fuerza laboral, a despido de funcionarios que aportan menos a los beneficios y más a los costos.  Una medida de esa naturaleza, difícilmente coincidiría con la misión de crear un millón de empleos (por lo menos en el corto plazo, o a menos que los despedidos estén en edad de jubilar).

Por otra parte, la reducción de programas sociales sería una medida impopular, difícil  de contrarrestar con mejoramientos visibles – en otras áreas -  en un periodo breve de cuatro años.

Ahora, apostar a un impulso de la reactivación económica – desde el sector privado – implica (como regla), una menor recaudación fiscal a corto plazo. Una reducción de los impuestos a las ganancias, o la mantención de medidas que aseguren un abaratamiento de las actividades comerciales no mejoran los ingresos de recursos a las arcas fiscales en el futuro inmediato. Es decir, esta receta (disminuir los ingresos directos al fisco), podría comenzar a dar frutos,  cuando un gobierno ya ha creado un nivel de anticuerpos en la población demasiado grandes como para revertirlos.

Asimismo, aumentar el Impuesto de Valor Agregado – IVA (o simplemente retornar el nivel de impuesto al precio de los combustibles como se plantea), crea condiciones propicias para que una oposición bien organizada canalice un descontento al por mayor.  A pesar del duro golpe electoral, la Concertación no está acabada, por lo que una revitalización de su capacidad organizativa y de movilización no debe ser subestimada.

¿De dónde vendrán, entonces,  los recursos que sirvan para contrarrestar una disminución del gasto público?

Siendo una economía pequeña y abierta, no podemos abstraernos de los vaivenes que experimenta la economía global.

Consiguientemente, la recuperación económica de nuestros socios comerciales potenciaría la posibilidad de reactivación el 2010. ¿Qué se observa en este frente?

Los datos económicos muestran que la economía europea  emula a un oso que sigue invernando,  y que EEUU continuaría disfrutando de ‘las réplicas’ provocadas  por el colosal paquete de estímulo fiscal impulsado por Obama hace un año.  El crecimiento “sin empleo” que evidencia la economía de EEUU, mantiene a los consumidores norteamericanos muy cautelosos,  dificultando la probabilidad de una recuperación económica vigorosa y sostenible.  Por otro lado, China – que es nuestro mayor comprador de cobre – deberá desacelerar su actividad económica, si desea lidiar con la fuerte e inesperada tendencia inflacionaria desatada a fines del 2009. Y otra de las grandes potencias económicas, Japón, sigue sumido en un proceso deflacionario que augura un panorama poco auspicioso para la economía global.

Bueno, mientras terminaba de escribir este artículo, Piñera se ponía “el parche antes de la herida”,  como afirmaría un detractor de su gobierno – después de enterarse de las últimas declaraciones del presidente electo. Pero lo cierto es que -  independientemente del marketing político del que todos somos víctimas y victimarios – el escenario para hacer un gobierno “de lujo” – el año 2010- no es el mejor.

Política de Chile

Gabinete de Piñera: ¿Más vale interés conocido que por conocer?

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“En el nuevo gabinete hay una exposición abierta que predispone a la opinión pública – y los entes fiscalizadores – a un escrutinio mucho mayor” (por Carlos Salas Lind, publicado por La Tercera.cl el 16.02.10.

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Pocos han quedado indiferentes con la conformación del equipo de ministros que acompañará a Sebastián Piñera a partir del 11 de marzo. El abierto conflicto de intereses que supone el nombramiento de personas ligadas al mundo de los negocios (un orden, percibido por muchos, como contrapuesto al interés y beneficio social), seguirá siendo objeto de intenso debate.

Pero es necesario tener en cuenta que a pesar de los sofisticados sistemas de control – adoptados por las democracias más avanzadas del mundo – esta incorrección sigue representando una de las trabas más serias para la credibilidad de quienes ejercen la función pública. Por cierto, los casos de gabinetes que ni siquiera han alcanzando a funcionar (o han sido sacudidos por grandes escándalos), debido al descubrimiento de intereses no declarados, son numerosos y emblemáticos.

El gobierno de Obama, por ejemplo, recibió un balde de agua muy fría, cuando el recién designado Ministro de Salud Pública, Tom Daschle, se vio obligado a renunciar. Entre otros serios cuestionamientos, su relación comercial con firmas farmacéuticas, (trabajo que le reportó grandes ingresos), había sido catalogada como actividad de lobby. Aún así, Daschle seguía contando con el apoyo del mandatario electo y con buenas posibilidades de ser confirmado por la Cámara Alta. Pero estas revelaciones amenazaban con afectar la credibilidad de Obama, quien había prometido que ningún lobbista (por servir a los grandes intereses económicos), sería bienvenido en su gobierno.

En el Reino Unido, el Ministro del Trabajo de Tony Blair el año 2005, debió renunciar al revelarse que había violado el código de conflicto de intereses que rige para los miembros del gabinete. Lo curioso es que era la segunda vez que David Blunkett asumía un cargo ministerial, después de haber sido destituido como Ministro del Interior por facilitar una visa de residencia a una empleada extranjera de su ex-novia.

Asimismo, en los países escandinavos (con una legislación muy estricta en temas de probidad administrativa y potenciales conflictos de intereses), revelaciones posteriores han hecho caer a ministros que apenas comenzaban a ejercer sus funciones.

Otros casos de grandes conflictos de intereses ocultos (y que socavan gravemente la institucionalidad de un país), afloran en periodos de elecciones.

La relación entre candidatos de diversas tendencias y sectores interesados en financiar sus campañas, es una práctica que no les quita el sueño a sus protagonistas. Ese conflicto de interés es enormemente dañino para el interés social, pero es muy difícil de probar porque ambas partes asumen el peso de la ilegalidad incurrida.

Por lo expuesto anteriormente, el caso chileno no deja de ser curioso porque los conflictos de intereses- que afectarían a quienes provienen de altos cargos en áreas del sector privado- están a la vista.

En el nuevo gabinete hay una exposición abierta que predispone a la opinión pública – y los entes fiscalizadores – a un escrutinio mucho mayor. En estos casos, lo que podría aparecer como un impedimento para separar los beneficios personales de los colectivos, puede resultar siendo ‘una garantía’, a la hora de resguardar el interés general.

¡Qué absurdo! – estará pensando más de un lector, y probablemente así sea percibido. Pero también es absurdo (por decir lo menos), el grado de cinismo que se oculta en algunos (ojalá no demasiados), que aprovechan ‘la coyuntura política’ para recordarnos las virtudes de la rectitud en la gestión pública.

Entre tanta excepción a la regla, puede ser más racional creer que quienes asumen un ministerio, sabiendo que la oposición será particularmente rigurosa con ellos, no lo harán con el fin de promover sus propios beneficios económicos (por lo menos, no como consecuencia directa de su gestión ministerial).

En realidad, apostar a lo otro, a que quienes asumen el 11 de marzo lo hacen con la misión de maximizar sus ganancias personales, me suena a torpeza mayor, a demasiada impericia de una administración que tiene un gran interés en prolongar el atareado triunfo logrado el 17 de enero.

Política de Chile

¿Democracia de los des-acuerdos?

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“Los actores políticos saben que sufrir una derrota electoral – con alta o baja popularidad – por amplio o estrecho margen, pierde importancia cuando las consecuencias inmediatas son las mismas: la pérdida de un posicionamiento privilegiado para el próximo veredicto electoral”, por Carlos Salas Lind (publicado por La Estrella de Iquique).

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Logrando superar su propio record de aprobación, y a pocas semanas de concluir su mandato, la Presidenta Michelle Bachelet continúa personificando un juicio paradójico para quienes perdieron las elecciones presidenciales. Impotencia debe crear – el observar cómo un record histórico de popularidad – no pudo salvar a quienes levantaron su nombre, a quienes implementaron las medidas que rescataron a su gobierno de la inercia política inicial.

El consuelo es exiguo, porque los actores políticos saben que sufrir una derrota electoral – con alta o baja popularidad – por amplio o estrecho margen, pierde importancia cuando las consecuencias inmediatas son las mismas: la pérdida del poder central, la privación de un posicionamiento privilegiado para el próximo veredicto electoral.

Y con el rol más pasivo, que vivirán a partir del 11 de Marzo, el dilema de los derrotados se acrecienta. El Presidente electo lo entiende, por eso pone a prueba la fortaleza – de quienes estrecharon las cifras – invitándolos a reflotar la ‘democracia de los acuerdos’. Propuesta discutible – pero audaz – para enfrentar a una generación de concertacionistas ansiosos, con muchas ganas de convertir el mandato de Sebastián Piñera en una ‘breve interrupción’ de una historia mucho más larga.

Aunque las razones para rechazar la invitación al consenso son debatibles, la animosidad expresada en su contra, podría no serlo para un segmento clave de chilenos moderados – que consideran un sistema de alternancia con estabilidad social – como la receta más sensata para seguir avanzando.

Pero el riesgo no termina ahí, porque el temor de la futura oposición, a que la ‘democracia de los acuerdos’ pudiera robustecer a una alternativa de gobierno que consideran “políticamente incorrecta”, no es del todo infundado. La sociedad chilena apreció la prudencia – del ex-presidente Patricio Aylwin – al impulsar un ambiente de diálogo y consenso en momentos decisivos para la estabilidad e imagen del país. La continuidad de los gobiernos concertacionistas se enmarcaron en ese contexto, de distensión social y pragmatismo político, por lo que la reproducción de ese entorno, intranquilizaría a quienes desean evitar la repetición del mismo curso.

De cualquier modo, y aunque sea entendible la frustración que crea la interrupción de una racha ganadora, los perdedores de la última elección presidencial deben mantener la calma.

Una ‘democracia de los desacuerdos’, de poca colaboración y tensión social no es viable para los chilenos del siglo XXI. En realidad, más que “una actitud aguerrida”, muchos concertacionistas esperan un proceso de autocrítica honesto e intenso del accionar de todos los actores (jóvenes, no tan jóvenes y “viejos”), que directa- e indirectamente, socavaron la base electoral de su propia coalición.

Lo último es más constructivo, porque independientemente de los juicios (y pre-juicios) históricos de los detractores del próximo gobierno, la opinión pública juzgará la gestión de las nuevas autoridades, a partir de la evaluación de sus propias expectativas. Es decir, de las mismas expectativas que llevaron a un segmento decisivo de chilenos a inclinarse por Piñera, a pesar de los logros de los gobiernos de la Concertación.

Política de Chile

Elecciones en Chile: la derrota de Frei o Piñera

 

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 “Independientemente de quien gane las elecciones el domingo 17 de enero, algo es seguro: los perdedores quedarán anímicamente ‘devastados’ “, por Carlos Salas Lind. 

 

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Si Piñera pierde, será la derrota más dura que haya sufrido la centro-derecha desde el retorno a la democracia. Será el revés más duro, porque la victoria habría estado demasiado cerca como para evadirse de esa manera. Una frustración profunda se apoderará de quienes buscaban rescribir una historia cargada de reproches y desconfianza social. El sueño de quienes anhelaban demostrar al mundo que los chilenos eran capaces de elegirlos, voluntariamente, se habrá pospuesto peligrosamente.

Con una derrota de Piñera, se habrá demostrado que ni la ausencia de un gran candidato – en los momentos más apremiantes – bastó para vencer a una Concertación debilitada. De una crisis interminable, y a pesar de los vaticinios y la impaciencia ciudadana, la Concertación reviviría a costa de un adversario humillado, levantándose en un momento clave para extender su mandato por un quinto periodo.

En este escenario, no solo se termina la carrera presidencialista de Sebastián Piñera, sino también la creencia en que el creciente anhelo de cambio y ‘las virtudes de la alternancia’ son motivos irresistibles en una sociedad en camino al desarrollo.

 

Si Frei pierde, será una doble derrota para quienes habían empezado a recuperar la fe. Será sucumbir después de recibir una gran dosis de esperanza. Por cierto, la derrota de la Concertación marcaría el fracaso de una coalición que, no dudó, en romper reglas de buena práctica electoral para recuperar terreno. Será la caída de quienes llegaron a creer que la democracia podía convivir con más y más excepciones.

Con el triunfo de Piñera, no solo se derrumbará un estilo de vida de los más comprometidos, sino además, una retórica, una forma de lidiar con el adversario. Sin duda, será, también, un golpe muy duro para quienes se habían acostumbrado al juicio de la historia, a un juicio arraigado sobre los hechos del pasado, pero para otros, igualmente, benevolente con muchos vicios del presente. Con el fracaso concertacionista, será difícil explicar al mundo que los beneficiarios de tanta simpatía y solidaridad internacional, esta vez, no han sido despojados del poder por las armas, ni por un orden social ajeno.

El domingo, un eventual revés de la Concertación implica, necesariamente, el surgimiento de un nuevo orden, de una nueva forma de definir al adversario y a sus seguidores. Lo otro, insistir en los estereotipos y conceptos que han orientado un accionar, hasta estos días, comprendería una derrota política y social mucho más trascendental que el fracaso en un proceso eleccionario.

 

Política de Chile

¿Se puede aplicar el modelo laboral danés en Chile o América Latina?

“Debido al conjunto de factores que podrían haber afectado de forma positiva las tasas de desempleo en Dinamarca, a partir de la segunda mitad de la década de los 90’, opino que es aventurado unir los buenos índices que Dinamarca expone en material laboral con la condición de flexibilidad contractual, que el mercado laboral danés, por norma, ha tenido” (por Carlos Salas Lind, publicado por La Segunda.cl).

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He seguido con atención el debate que se ha creado, en relación a la visita del ministro de hacienda a Dinamarca. Este viaje tuvo como fin el recabar información sobre el buen funcionamiento del mercado laboral danés para evaluar la posibilidad de instaurar (parte de) sus principios en Chile.

El milagro danés, en este ámbito, se expresaría en la progresiva disminución de las tasas de desempleo durante los últimos 14 años (para ser más preciso a partir del año 1993 cuando la desocupación alcanzó un máximo de 10.1%), hasta el último trimestre del año 2006, en el que esta cifra llegó a sólo un 4,1%.

Como pilar de estos exitosos resultados, se destaca la existencia de tres ejes que han hecho posible su concreción: una gran flexibilidad contractual, un generoso seguro de desempleo, y un amplio (y sofisticado) sistema de capacitación y asesoramiento para los trabajadores cesantes (1).

Sin embargo, al citar la experiencia danesa, las autoridades económicas en Chile han querido poner énfasis en las perspectivas de solución que pueden representar para el perdurable problema de desempleo en Chile, la adopción de (algunos de) los principios de flexibilidad del mercado laboral danés.

Lo interesante del tema es que
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Política de Chile

Voto voluntario y el binominal: “Una fórmula de alto riesgo”

“La adopción de la inscripción automática y el voto voluntario, pero sin modificar el sistema binominal, llevará a una caída histórica en el nivel de participación ciudadana en el proceso electoral. De igual forma, vaticino un aumento grotesco en el gasto de campaña electoral” (por Carlos Salas Lind).

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En una democracia estable, pero aún marcada por grandes problemas sociales, es importante evaluar constantemente los canales de participación de la sociedad civil en el desarrollo político y económico del estado.

Ignorar o menospreciar el rol de la sociedad civil, inevitablemente se traduce en una marginalización de los segmentos más débiles o menos organizados de la comunidad, en el necesario proceso de afianzamiento de la cohesión socio-política de un país.
Este proceso, en el que se forman (o se debilitan), los nexos de identificación de los ciudadanos con los valores políticos y sociales que un estado promueve, es fundamental para determinar el grado de fortaleza que una nación desarrolla y proyecta.

En el caso de Chile, la falta de voluntad por mejorar los canales de participación ciudadana se está manifestando en el notorio
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Política de Chile

Adiós a la Concertación

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“En el periodo más difícil que está enfrentando la Concertación (desde el retorno a la democracia), tampoco llegan noticias que pudieran energizar a quienes se resisten a seguir a los decepcionados que llaman a abandonar el barco”. Por Carlos Salas Lind, foto: PS Chile).

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Al igual que en los comicios presidenciales del año 2005, nuevamente una de las grandes coaliciones se presentará dividida en Diciembre.

Sin embargo, a diferencia de las elecciones pasadas, la división que experimenta la Concertación, está resultando más profunda y desmoralizadora que el  golpe propinado por Piñera a la UDI, el 2005, con su proclamación como segundo candidato de la Alianza.

Hace cuatro años, Piñera asumió una postura desafiante, ante la eventualidad de enfrentar, con más éxito, a la candidata
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Política de Chile

Factor Soria en elección senatorial: Iquique – Arica y Parinacota

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Una candidatura de Jorge Soria Quiroga, en las elecciones senatoriales del año 2009, representa una seria amenaza para ambas coaliciones en el distrito 2, y en particular para la Concertación (análisis escrito por Carlos Salas Lind).

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Desde el retorno a la democracia, las dinámicas que se han creado en la competencia electoral en el distrito 2 (hoy región de Tarapacá), difieren significativamente de las observadas en el resto del país (con excepción de la región de Magallanes).

La razón es la presencia de una fuerza electoral con base local liderada por el ex-alcalde Jorge Soria (Partido Regionalista Fuerza País). El nivel de apoyo electoral, que congrega el ex-alcalde, ha llegado a superar, con creces, a la Concertación y a la Alianza por Chile en las elecciones municipales en la Comuna de Iquique desde que el país retornó a la democracia.

El ex- alcalde Jorge Soria Quiroga ganó, ininterrumpidamente, las elecciones municipales desde 1992 hasta el 2004.  A nivel de diputados, Fuerza País ha logrado un escaño en tres oportunidades; 1993,1997 y el 2005 (ver figura b).  Aunque el Sorismo no ha alcanzado una senaduría (en la circunscripción que une a los distritos 1 y 2), sus candidatos han logrado la votación más alta en la región de Tarapacá los años 1989 y 2001. Y todo indica que las posibilidades de elegir a uno de sus candidatos, aumenta significativamente cuando el postulante proviene de la familia Soria.

A continuación, se analizarán los datos electorales históricos de las elecciones senatoriales, a diputados y municipales en el distrito 2 (hoy región de Tarapacá). El propósito es evaluar la posición del Sorismo (y su líder natural; el ex- alcalde Jorge Soria), en los comicios de Diciembre.

Senadores

En cuanto a la situación de las dos grandes coaliciones en el distrito 2 (la Concertación y la Alianza por Chile), es posible observar que
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Polí­tica de Iquique

¿Dónde irán los votos de Soria?

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“Se especula si la estrategia del ex–alcalde Soria, de llevar adelante un proyecto riesgoso, fue un paso mal dado. En el plano estrictamente político, la decisión de enfrentar al sistema (aunque creara amargura), fue la correcta” (por Carlos Salas Lind, publicada Estrella.cl).
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Con la marginación de Jorge Soria Quiroga, se ha perdido gran parte de la emoción en la elección senatorial de Diciembre. Por cierto, sus partidarios, que nunca han sido pocos, están viviendo el peor escenario que supuso iniciar el proceso de inscripción de la candidatura del ex–alcalde.

El caso es muy complejo, porque no solo contendría serias aristas legales, sino también (afirman sus seguidores), tintes notoriamente políticos.  Lo concreto es que la condena, en primera instancia, cita la concurrencia de delitos que marcan (y de forma grave), a una gestión y un nombre. Su defensa argumenta que las consideraciones políticas superan, ampliamente, los aspectos legales. Por esta razón, no habría justicia,  mientras imperen los intereses que sustancian el caso.

Hace un par de semanas, decidí personalmente contactar  al Servicio Electoral (Servel), para recabar mayor información sobre la determinación, del organismo, de cancelar la inscripción electoral al ex alcalde Jorge Soria. Al citar la sentencia en primera instancia, la abogada del Servel en Santiago, Catherine Martínez, afirmó que debía tratarse de un error.

Me hizo saber que el Servel solo aplicaba la cancelación de los derechos políticos en casos extremos, casos de pena aflictiva, y en los que las instancias de apelación se encontraban
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Polí­tica de Iquique

Última encuesta CEP: “El gran dilema de la Concertación”

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“La encuesta CEP dio cuenta de un significativo aumento, entre quienes votarían por Marco Enríquez-Ominami, en caso de que sea el candidato díscolo quien enfrente a Piñera en una segunda vuelta” (por Carlos Salas Lind)

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La última encuesta preelectoral CEP, dada a conocer hoy, dejó a los seguidores de las tres candidaturas, con posibilidad real de lograr un triunfo en Diciembre, en un estado de gran expectación y nerviosismo.

Frente a la presencia de una elección reñida, con cuatro candidaturas confirmadas y en plena campaña, ya no sirve mucho enfocar la atención a las cifras que los candidatos logran en la primera vuelta. Aunque las variaciones observadas entre Septiembre y Noviembre, aparentemente, no son mayores -  otros indicadores – incluyendo las preferencias de los encuestados en una segunda vuelta, si muestran números que revelan grandes oportunidades y dilemas para los más comprometidos con los resultados en Diciembre.

La información más importante revelada, por la encuesta CEP, es el paulatino, pero progresivo distanciamiento que experimenta la candidatura de Sebastián Piñera con el candidato de la Concertación, Eduardo Frei, en una segunda vuelta.

Mientras que la encuesta CEP de Junio mostró una ventaja de Piñera sobre Frei de dos puntos (41% y 39% respectivamente), esa distancia aumentó de tres (42% y 39%), a seis puntos entre
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Política de Chile

Encuesta de encuestas a 3 semanas de las elecciones

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Política de Chile

Elecciones en Chile: ¿Sorpresas en el tramo final?

imagenBajo estas circunstancias, un error de consecuencias destructivas se disminuye jugando limpio (o creando esa percepción), y evitando “pisar el palito” de quien intenta llevar ‘al puntero’ a un terreno menos favorable (por Carlos Salas Lind.  Enlace, estrellaiquique.cl ).

 

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Faltando menos de dos semanas para la segunda vuelta electoral, es bastante poco lo que se puede lograr con la campaña, los debates y las franjas electorales.

La historia electoral en el mundo revela que, a menos que la parte en desventaja haya guardado una carta muy importante, las tendencias claras de una primera vuelta (y las encuestas), se mantienen en un segundo balotaje.  Y la carta debe ser de mucho peso, si se busca acortar una distancia de proporciones, como la alcanzada por el candidato de la Coalición por el Cambio el 13 de diciembre. En caso contrario, para que se revierta una tendencia clara, debe ser el candidato que encabeza las preferencias, el que debe cometer un error garrafal, un traspié grave como para sembrar la duda y rechazo entre los votantes más moderados.  

Con esto, la franja electoral de Frei (que debe dar un golpe a la cátedra si desea estrechar las cifras), no está cumpliendo con ese objetivo. Llama la atención que los creativos de la Concertación no encuentren nada más “original”, que seguir recurriendo a la condición de empresario, de Sebastián Piñera, en la tarea de cargar una balanza que necesita bastante contrapeso para equilibrar una diferencia de 14 puntos.

A estas alturas, insistir en la misma estrategia utilizada en la segunda vuelta electoral del año 2005-2006 (Bachelet vs. Piñera), aburre y desmoraliza. En realidad, sería más interesante saber por qué los chilenos deben extender, una vez más, el mandato a una coalición que ya ha estado en el poder durante cuatro periodos consecutivos. Y si la intención es corregir ‘muy malas prácticas’ (que los propios timoneles de la Concertación reconocen por estos días), beneficiaría a la campaña de Frei saber, concretamente,  todo lo que no se repetirá (especialmente en la región de Tarapacá), en su eventual gobierno.

No es fácil reencantar a quienes consideran que 20 años es demasiado tiempo para seguir viendo las mismas caras (o rectificar prácticas que se han hecho una costumbre). Por esa misma razón, el trabajo comunicacional debe ser creativo, profesional y honesto. No hay tiempo, ni espacio para repetirse a sí mismo, porque hacerlo denota más agotamiento y falta de horizonte.

En el escenario actual, sorprende menos que los asesores de Sebastián Piñera apuesten por distanciar al candidato de la centro-derecha de Eduardo Frei. El status quo les favorece, por lo que una línea contestataria podría causar más daños que beneficios. En el fondo, se trata de reforzar una estrategia que ya ha resultado exitosa, agregando elementos menores que contribuyan a reafirmar la percepción de quienes sienten que Piñera está cerca de terminar con la era concertacionista.

Aunque la franja de la Coalición por el Cambio proyecta superficialidad, combinando elementos de la franja de MEO y  el concepto ‘de alegría multicolor’, utilizado por la Concertación en el plebiscito del SI y el NO, la oposición apuesta a hacer lo justo y necesario para abrazar la victoria el 17 de Enero. En estas circunstancias, un error de consecuencias destructivas se disminuye jugando limpio (o creando esa percepción), y evitando “pisar el palito” de quien intenta llevar ‘al puntero’ a un terreno menos favorable.

Sin embargo, en las elecciones presidenciales- la mayor probabilidad de un desenlace exitoso no es sinónimo de carrera corrida. La experiencia electoral demuestra que, de vez en cuando y en el tramo final – los favoritos (a pesar de seguir al pie de la letra buenas recomendaciones), han caído víctimas de su propia confianza, o por la genialidad (o audacia) de un adversario presionado.

Política de Chile

El nuevo Intendente de Tarapacá

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“En esta región, el próximo Intendente deberá ser capaz de manejar a más de una oposición, y deberá hacerlo a través de un diálogo inteligente y una estrategia consistente” por Carlos Salas Lind.

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El nuevo Intendente liderará a la región que más frustraciones ha vivido durante los últimos cuatro años. Esa es la principal lectura que se puede inferir de la categórica derrota que sufrió el candidato de la Concertación en la pujante región de Tarapacá.

Por esta misma razón, la nueva autoridad deberá ser capaz de entregar algo que los tarapaqueños no percibieron durante estos últimos cuatro años: estabilidad y eficiencia en la gestión de gobierno.

Aunque estas tareas pudieran ser consideradas como básicas, las lecciones del cuarto periodo concertacionista han revelado, que un requisito mínimo, puede llegar a ser esquivo cuando intereses específicos terminan por ensombrecer un proyecto colectivo.

Es primordial, entonces, que el próximo Intendente sea capaz de
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Polí­tica de Iquique